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martes, abril 01, 2008

Aproveche nuestras ofertas (historia verídica... o casi)

Riiiing! Riiiing!
- ¿Señor XXX?
- ¿Sí?
- Buenas tardes señor X. Señor X, soy Maria Gabriela y le llamo de XXX-SA para decirle que ha sido agraciado con un descuento del 10% en sus facturas de gas.
- ¿? (¡hay que ver que suerte, y eso que ni siquiera soy cliente de esta compañía!)
- ¿Señor X?
- ¿Tiene usted caldera?
- (Antes de que pueda contestar) pues si no tiene usted caldera, XXX-SA le instala una caldera normal o mixta con un descuento del 20% y con facilidades de pago (léase esto como si uno se lo hubiese aprendido de memoria sin saber qué significa)
- ¿? …Mire es que ya tengo caldera y la he instalado hace poco, entonces…
- (interrumpiendo) Señor X, ¿conoce usted el artículo 54?
- (con sorpresa) ¿El artículo 54 de qué?
- Señor X, el artículo 54 dice que usted tiene derecho a elegir su compañía distribuidora sin necesidad de cambiar de compañía suministradora.
- (perplejo por la revelación del contenido del artículo 54) ¿y?
- (sin hacer el más mínimo caso a la pregunta) Señor X, si usted me da sus datos le hago el cambio de compañía distribuidora ahora mismo. ¿Me da su dirección y su número de documento nacional de identidad?
- (cabreado porque da por sentado que quiero cambiar de compañía) ¡No!
- (recitando una letanía aprendida de memoria) Señor X, con un simple trámite podrá empezar a disfrutar de todas las ventajas del cambio a la compañía XXX-SA y desde el primer día disfrutará del 10% de descuento.
- Muchas gracias, pero creo que sin ver todas las condiciones no me interesa.
- Señor X, le enviaremos un comercial para que le visite en su casa y le explique las ventajas de cambiar a nuestra compañía.
- (cada vez más cabreado) Gracias pero no me envíe a nadie, he decidido que no quiero cambiar de compañía.
- (colgando el auricular al otro lado) Tuuuu-tuuuu-tuuuu-tuuuuu

domingo, marzo 23, 2008

Domingo por la mañana

La luz del sol que se colaba por las rendijas le había despertado. Su cabeza aun estaba metida en esa bruma que envuelve los despertares de los días de resaca. Se desperezó lentamente, sin prisa. Las mañanas de domingo nunca hay prisa; las calles están desiertas hasta el mediodía y hay pocas cosas qué hacer. Lo qué daría en este momento por tener un café con leche humeante esperándole y alguien con quien hablar. Bostezó y se rascó la cabeza. Necesitaba una ducha para quitarse ese olor acre, mezcla de alcohol, humo y sudor. Se incorporó con pereza. Otro día más. Recogió sus cartones y echó a andar sin rumbo, invisible para los demás.




sábado, marzo 08, 2008

La obra maestra

Resuelto, decidido, concentrado en un único propósito, empezó a escribir la frase que abriría la obra definitiva, última; su paso a la posteridad: “Sentada en aquel banco, veía pasar la vida mientras…”


Cerró el ordenador. Quizás mañana las musas se apiadaran de él.