viernes, febrero 23, 2007

Como cada día

Como cada día, Juan terminó su jornada laboral a las ocho de la tarde. Recogió sus cosas y se despidió de sus compañeros. Bajó andando los cuatro pisos y salió a la calle. Como cada día, se dirigió hasta la parada del autobús y esperó pacientemente. Como cada día, subió al autobús entre empujones, se situó en un rincón y aguanto estoicamente los acelerones y frenazos. Como cada día, llegó a su casa cansado y triste. Hacía mucho tiempo ya que sus sueños de juventud se habían desvanecido como se desvanece el humo en una tormenta. Como cada día, se quitó el traje y se puso ese batín horroroso que odiaba. Fue a la cocina y empezó a preparar la cena. Como cada día, pensó en lo triste que era tener que comer solo. Empezaba a llover. Y entonces, se quitó el batín y lo tiró a la basura. Se desnudó y salió de su casa. Y se fue andando entre las sombras, calle abajo, hacia ningún lugar, mientras la lluvia borraba su pasado y le devolvía la dignidad que creía perdida desde el día que había renunciado a soñar.




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